Las que eran intocables, las que crearon un culto cercano a la adoración religiosa y se ganaron el aplauso de la crítica -no siempre en concordancia con el volumen de audiencia- están experimentando los primeros síntomas de un cambio, que en algunos casos parece más el cierre de un ciclo.

Eso se notó el fin de semana pasado, en los Premios Emmy, en los que producciones como House, The Office, Damages y hasta Grey's Anatomy pasaron a un segundo plano, frente a la novedad de otras historias. 

Las nuevas triunfadoras hablan de enfermeras que trabajan bien y se portan mal (Nurse Jackie), caricaturas de familias que hacen reír y reflexionar (Modern Family), adolescentes que bailan para luchar contra el rechazo (Glee) y hombres que tienen que preparar drogas ilegales para encontrarle significado a una vida que se apaga (Breaking Bad).

Mientras la comedia The Office se quedará sin su protagonista, Steve Carell, la estrella de House, Hugh Laurie,se fue a casa (por quinta vez) sin un Premio Emmy como mejor actor de un drama. En ese panorama, no es difícil adivinar que la mayor atención pueda quedar en manos del protagonista de la comedia The Big Bang Theory (Jim Parsons) o de Bryan Cranston (Breaking Bad), que sí ganaron en la gala de los Emmy.

Mientras series como Lost y 24 finalizaron sin ser tenidas en cuenta en los Emmy, sobresalieron actrices como la desconocida Archie Panjabi, de The Good Wife, y Edie Falco, que ganó como mejor actriz de comedia, por encima de personalidades de la talla de Tina Fey (30 Rock), Toni Collette (The United States of Tara) y Julia Louis-Dreyfus (The New Adventures of Old Christine). Mientras Falco gritaba preocupada y nerviosa "¡I'm not funny!" (¡no soy chistosa!), sus oponentes tuvieron que aplaudir desde sus sillas de invitadas con una sonrisa, dando a entender que las cosas están cambiando en la televisión.
 


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Fuente: El Tiempo